EVANGELISMO POR NATURALEZA

Cuando nos arrepentimos de los pecados y recibimos a Cristo como nuestro Salvador, recibimos también una nueva naturaleza. Adán corrompió la naturaleza humana debido a su pecado de desobediencia y rebeldía. Pero Cristo tomó la naturaleza humana en unión con su naturaleza divina, y vivió una vida sin pecado y en obediencia perfecta a su Padre. Cristo redimió a la naturaleza humana dándole un nuevo potencial. En Adán, el paraíso está perdido; pero en Cristo tenemos el paraíso recuperado (Comp. Gn 3:24; Ap 21:3). En Adán, el destino del hombre es la muerte; en Cristo Jesús, la dádiva de Dios es vida eterna (Ro 6:23). Pablo, escribiendo a la iglesia en Filipos, saluda a los creyentes así: … a todos los santosenCristo Jesús… (1:1). La posición del creyente es en Cristo Jesús. Él es un miembro del cuerpo de Cristo.

Cristo es el autor de la vida, es el postrer Adán, es espíritu vivificante (Hch 3:15; 1 Co 15:45). Él tiene el poder de levantar los muertos y darles vida (Jn 5:21) y prometió que el que cree en él, aunque esté muerto vivirá (11:25). No sólo lo enseñó, sino que lo demostró con tres milagros de resurrección (Mr 5:38-42; Lc 7:11-15; Jn 11:38-44). De hecho, cuando somos salvos, venimos a ser participantes de la naturaleza divina (2 P 1:4). No significa que venimos, acaso, a ser divinos, pero sí participamos de la vida de Dios que viene a nosotros por su Espíritu. La manera como esta vida nueva nos es dada es como el soplar del viento, cuya dirección el hombre mismo no puede explicar (Jn 3:8). Es que los hijos de Dios no son engendrados de sangre ni de voluntad de carne ni de voluntad de varón, sino de Dios (Jn 1:12,13).

Todo en el reino de Dios está lleno de vida. Cristo habló de la vida eterna como algo que él otorga a los que le reciben (Jn 10:27,28). Juan dice que escribió su libro para que creamos que Jesús es el Hijo de Dios y para que, creyendo, tengamos vida en su nombre (20:31). El Espíritu Santo que vive en nosotros es el Espíritu de vida (Ro 8:2). El mismo Dios que levantó de los muertos a Cristo Jesús, vivificará también nuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en nosotros (Ro 8:11). Aun el libro donde está el registro celestial de los hijos de Dios, se llama el libro de la vida(Ap 20:12).

Ahora, cuando recibimos la vida de Dios, esa nueva naturaleza se hace evidente. El Espíritu Santo en nosotros es el Espíritu de Cristo (Ro 8:9). Por tanto, Pablo escribe a los hermanos para exhortarles a no vivir conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (vv. 12,13). Cuando el Espíritu Santo viene al creyente, él produce en nosotros su fruto, su carácter (Gl 5:22,23). Así que, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, representan la vida de Dios manifestada en el creyente. Igualmente, debido a esa nueva naturaleza, el ministerio de Cristo continúa a través de nosotros, sus discípulos. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y él se hace pleno en su iglesia (Ef 1:22,23). ¿Nos acordamos de la obra gloriosa de evangelización que Cristo hizo en su ministerio terrenal? Por Mateo sabemos que, desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado… Recorría Jesús todas las ciudades yaldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo(4:17; 9:35). Marcoslo narra de esta manera en 1:38,39: Élles dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.Cuando comenzó su ministerio en Nazaret, leyó el libro del profeta Isaías en el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor (Lc 4:18,19).

Al ver el ministerio público de Cristo, encontramos que él es el mayor de todos los evangelistas. Fue incansable en brindar el agua de vida a los sedientos (Jn 4:10; 7:37). Por tanto, cada hijo de Dios que tiene la vida de Cristo en él, posee un fervor creciente por compartir con otros las buenas nuevas de salvación. Es una negación del verdadero cristianismo llamarse cristianoy no hablarle de Cristo a los que están alrededor. Por naturaleza el cristiano es un evangelista, un comunicador de la salvación. Por esta causa, el evangelismo no debe responder solamente a una campaña orquestada desde la congregación local, ni debe considerarse únicamente como el trabajo ministerial de aquellos a quienes Cristo ha constituido como evangelistas(Ef 4:11). Evangelizar es el hábito innato de cada creyente verdaderamente nacido de nuevo. Evangelizar fue el estilo de vida de los discípulos después de la ascensión de Cristo, a tal manera, que fueron acusados por el Sanedrín judío de haber llenado a Jerusalen de la doctrina de Cristo (Hch 5:28). Al ser hostigados hasta prohibirles predicar más en ese Nombre, dijeron a los adversarios: No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído(Hch 4:20).La Biblia habla de este tipo de evangelismo en estos términos:Y Felipe, pasando, predicaba el evangelio en todas las ciudades(Hch 8:40).

Igualmente, Pablo tenía una naturaleza que le impulsaba a predicar de Cristo a otros. No es extraño, entonces, que Tértulo, el orador que lo acusaba, lo comparara con unaplaga, porque por todo el mundo no cesaba de enseñar acerca del Hijo de Dios (Hch 24:5). El mismo apóstol les dijo a los romanos: pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma (Ro 1:15), y pudo testificardesde Jerusalén y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del Evangelio de Cristo(Ro 15:19).¿Por qué era tan intenso en su trabajo de evangelización? Él dijo que, hacerlo, le era impuesta necesidad. Por tanto, exclamó: Ay de mí si no anunciare el evangelio (1 Co 9:16).

Debemos poner en paralelo la profesión de la verdadera fe con nuestro ejercicioevangelístico, pues si en verdad tenemos la vida de Cristo, su evangelio debe estar a flor de labios en nosotros. Cada persona necesita el testimonio de Jesucristo que portamos los cristianos. Cuando los fariseos le pidieron a Cristo que mandara a callar a los que lo aclamaban como el Rey, el mismo Jesús les dijo que si ellos callaban, las piedras habrían de clamar (Lc 19:39,40).

Amados, este tiempo es desafiante respecto a nuestro deber de hablar de Cristo a los perdidos. Todavía la mies es mucha y los obreros pocos y aun se necesita rogar al Señor de la mies que envíe obreros a su mies (Mt 9:37,38). Dios no va a mandar a los ángeles a predicar aquí en la tierra, porque la naturaleza de ellos no conoce por experiencia la redención. Son los que han recibido vida nueva, los que tienen el reto de predicar a Cristo. Hacerlo es conforme a la naturaleza que el evangelio de Cristo nos ha entregado.

Yo quiero ser parte de ello y aprovechar bien cada oportunidad que Dios me dé para llevarlo a cabo.

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¡Evangelismo por naturaleza!

Vuestro en él,

Pst Eliseo Rodríguez

www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org

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