CERCANOS
CERCANOS

CERCANOS

El vocablo, cercanos, tal como se usa en Efesios 2:13 es una referencia a un milagro de la gracia divina, del cual los creyentes en Cristo hemos sido beneficiarios. Cercanos identifica un glorioso cambio de posición que Cristo ha provisto para los que aceptan su Evangelio. El milagro contiene un contraste entre las dos etapas de vida, antes de estar en Cristo y cuando ya se está en Él. La primera se detalla como en otro tiempo. La segunda, con la palabra ahora. Uno de los frutos de un nuevo nacimiento genuino es que el que lo ha experimentado, puede identificar el día que recibió al Salvador, marcando a partir de esa experiencia un antes y un después. Esto no sólo resulta obvio por la transformación espiritual que el Espíritu Santo obra internamente en el creyente, sino por la bendición de una especial relación con Dios que singularmente provee el Evangelio. De ello, analizaremos algunos aspectos fundamentales aquí. Les invito a considerarlos:

Lo primero que el apóstol Pablo presenta en el sentido del versículo, es una crisis. La describe así: vosotros que en otro tiempo estabais lejos. Esa es la condición de todo hombre que no ha aceptado al Hijo de Dios como su Salvador. El pecado, que es un mal congénito en la raza humana (Ro 3:23 a), nos mantenía distanciados de Dios en forma tal, que no nos era posible discernir la lejanía entre nosotros y nuestro Creador. Así que, ¡estábamos lejos! Pero, ¿Cuán lejos? ¿Cuán distante vivíamos de Dios cuando no conocíamos de su amor en Cristo para con todos los hombres? La respuesta bíblica es severa al respecto. En realidad, vivíamos tan separados, que cada cual se había apartado por su camino (Isa 53:6) ¡Tan retirados, que estábamos destituidos de la gloria de Dios! (Ro 3:23 b). ¡Tan lejos, que hacíamos la voluntad de la carne y de los pensamientos! (Ef 2:3) La separación era tan inmensa, que estábamos sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Ef 2:12). ¡A tanta distancia, que éramos extraños y enemigos en nuestra mente! (Col 1:21). Lo más terrible de dicha crisis es que la tendencia natural no era acercarnos a Dios, sino irnos alejando más de Él.

La buena noticia del Evangelio es: habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. La obra redentora de Cristo nos ha permitido llegar a ser cercanos a Dios. El versículo no dice meramente que se nos permite acercarnos. No es sólo una puerta de acceso lo que se ofrece, sino un cambio de condición en nosotros mismos: hemos sido hechos cercanos. Esto es una identidad gloriosa otorgada al creyente. Otra vez se impone la interrogante: ¿Cuán cercanos? ¿Cuán cerca de Dios somos hechos realmente cuando recibimos a Cristo? Nos puede ayudar en la respuesta, el observar el medio por el cual hemos sido hechos cercanos, a saber, la sangre de Cristo. En la cruz el Cordero de Dios derramó su sangre para hacer posible la remisión de nuestros pecados, conforme a lo establecido por Dios mismo (He 9:22). Pero cuando el Señor resucitó de los muertos y ascendió al cielo, por su propia sangre entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo (He 9:12). Por tanto, como nuestro acercamiento a Dios es por la sangre de Cristo, nos es provisto el privilegio de ser hechos tan cercanos a Dios como lo está a él la sangre de su bendito Hijo. La sangre que nos quitó el pecado, llegó hasta dentro del velo, y por ello, los que hemos sido lavados, tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo (He 10:19).

En Cristo, venimos a ser a tal manera de casa, que Dios mismo nos llama a la comunión con su Hijo Jesucristo (1 Co 1:9). La sangre derramada nos hace tan cercanos que se nos permite, sin restricciones, unirnos al Señor y llegar a ser uno con Él: … el que se une al Señor, un espíritu es con él (1 Co 6:17). Aun se nos ofrece que la comunión del Espíritu Santo sea con todos nosotros (2 Co 13:14). ¡Qué cercanos hemos venido a ser si se nos permite orar en todo lugar! (1 Ti 2:8). Ni siquiera el trono del Padre nos queda a mucha distancia, pues nos ha sido dada la confianza de acercarnos al trono de la gracia (Ver He 4:16). Es que somos tan cercanos, que Dios nos trata como a hijos (He 12:7). La confianza con Dios que nos provee el Evangelio es de tal magnitud que el propio Cristo habla de una cena mutua entre Él y los que le reciben: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Ap 3:20). Si bajo los parámetros de la Ley, la sangre de los sacrificios animales permitía al creyente habitar al abrigo del Altísimo (Sal 91:1), la sangre del Cordero de Dios nos ha hecho tan cercanos que se nos ofrece el cielo como nuestro hogar eterno. Así lo prometió el Señor: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Jn 14:2,3).

Amados, al haber sido hechos cercanos, debemos decir con el Salmista, … en cuanto a mí, el acércame a Dios es el bien (Sal 73:28 a). La vida cristiana es, en forma suprema, comunión con Dios, y es de ello que brota naturalmente el fruto en el creyente. Así que todavía podemos cantar aquel antiguo himno, escrito por Leila N. Morris, Cerca, más cerca, oh Dios de ti. Dios disfruta tener comunión con los redimidos, y nosotros siempre debemos recordar que hay delicias a su diestra para siempre (Sal 16:11). ¡Se impone el desechar vivir vidas superficiales en cuanto a la comunión con Dios! ¡Que podamos disfrutar a tal manera la presencia de Dios que podamos también decir: Está mi alma apegada a ti! (Sal 63:8). En otro tiempo, estábamos lejos, pero ahora en Cristo Jesús, somos hechos tan cercanos, que se nos llama conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef 2:19). ¡No despreciemos el llamado divino a orar sin cesar (1 Ts 5:17), pues ciertamente Dios no está lejos de cada uno de nosotros! (Hch 17:27).

¡Aleluya!

En su amor,

Pst. Eliseo Rodríguez.

El Dr. Eliseo Rodríguez es el Pastor Principal de la Iglesia Evangélica Monte de Sion en la ciudad de Miami. Es además Miembro de la Junta Directiva de la Universidad UNPI, y escritor de varios libros, tales como, El Cordero Inmolado, Acontecimientos del Fin, entre muchos otros. El pastor, posee una vasta experiencia en el campo misionero Internacional. Ha viajado por Norte, Centro, Sur América, El Caribe, el Medio Oriente y el Norte de África, llevando las Buenas Nuevas de Salvación y Equipando al Cuerpo Ministerial.

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