¡CUÁN FIRME ES EL TRONO DE DIOS!
¡CUÁN FIRME ES EL TRONO DE DIOS!

¡CUÁN FIRME ES EL TRONO DE DIOS!

La Palabra de Dios nos enseña que nuestro Dios es Rey eternamente y para siempre (Sal 10:16). Por tanto, el salmista dijo a su Señor: Firme es tu trono desde entonces, tú eres eternamente(93:2)Cuando Lusbel se levantó contra el Rey de gloria y dijo, subiré al cielo… seré semejante al Altísimo, el Dios Omnipotente le dijo al rebelde ángel: Mas tú derribado eres hasta el Seól, a los lados del abismo(Isa 14:12-17). Así que, la firmeza del trono de Dios ha sido comprobada desde las esferas más altas de las criaturas celestes. Unos seis mil años de historia humana son suficientes para calificar como perdedores a todos los que se han levantado contra Dios. Desde los días de Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra (Gn 10:9), muchos hombres también llegaron a ser poderosos, y los hombres malos, generalmente, han usado su poder contra Dios y contra su obra. Pero los tronos de los tales han caído y el de nuestro Dios permanece firme.

He aquí una pequeña reseña de este contraste: Janes y Jambres resisitieron a Moisés cuando hacía aquellas grandes señales ante Fararón para redimir a Israel de la esclavitud (2 Ti 3:8). Pero en un punto, los magos de Egipto tuvieron que admitir que el dedo de Dios era más poderoso que todos los ardides de ellos contra Él (Ex 8:19).

Pilato juzgó a Jesús y, aunque no halló causa digna de muerte, le condenó a la cruz (Mt 27:26). Pero la crucifixion de Cristo no fue la idea de aquel taimado gobernador, sino respondía al programa eterno de Dios, de salvar al mundo a traves de la sangre de su propio Hijo. Pilato se quitó la vida alrededor del año 38 d.C. Sin embargo, del reino del Cristo crucificado se dice que no tendrá fin(Lc 1:33).  Saulo de Tarso asolaba a la iglesia en Jerusalén (Hch 8:3). Pero Cristo se le apareció para estorbarle su camino de persecusión y revelarle que había sido apartado desde el vientre para predicar el evangelio a los gentiles. Inmeditamente después de su conversion y bautismo, predicaba a Cristo, demostrando que este es el Hijo de Dios (Hch 8:3; 9:1-20). Llegó a ser el hombres más influyente del Nuevo Testamento después de Cristo. También, Herodes Agripa se propuso acabar con la iglesia, pero despues que él expiró comido de gusanos, la Biblia testifica que la Palabra del Señor crecía y se multiplicaba(Hch 12:1-24).  Igualmente, Elimas el mago se opuso a Pablo cuando le predicaba el evangelio al proconsul Sergio Paulo. Pero el juicio de Dios vino sobre el engañoso opositor y quedó ciego, pidiendo quien le condujese de la mano (Hch 13:6-12).

En la historia más reciente, muchos han hecho contrataciones de toda índole contra el reino de Cristo. Pero ellos han pasado, y el trono de Dios sigue firme por los siglosPor ejemplo, el filósofo francés François Marie Arouet, más conocido como Voltaire (1694 – 1778), siendo enemigo de la Biblia, dijo: “Después de mi muerte, la Biblia pasará a la historia y nadie la volverá a publicar”. Después de su muerte, su vieja imprenta y la casa donde vivía, fueron compradas por la Sociedad Bíblica de Ginebra. El 24 de Diciembre de 1933, el gobierno Británico le compró a los rusos el valioso Manuscrito Sinaítico de la Biblia, por medio millón de dólares. En contraste, ese mismo día, una primera edición de la obra de Voltaire, costaba once centavos en las librerías de París. Actualmente una de las imprentas más grandes de Biblias de Europa, se encuentra en la casa donde murió Voltaire. Con razón, el escritor de Hebreos nos anuncia que nosotros hemos recibido un reino inconmovible(He 12:28).

La existencia del libro de Apocalipsis es una buena evidencia de la firmeza del trono de Dios. Si hubo un Génesis, y habrá un Apocalipsis, entonces, el Rey del trono eterno tiene la facultad de terminar lo que comienza. Aun en períodos cuando ha parecido que Dios se queda sin testimonio en la tierra, siempre él mismo ha levantado un Noé (Gn 6:8), un Abraham (12:1), un José (39:21), un David (1 S 16:12,13), un Daniel (Dan 1:8), unos Recabitas (Jer 35:18,19), un Salvador, que es Cristo el Señor (Lc 2:11). Por toda la historia sagrada de la cual estos santos fueron dignos representantes, el trono de Dios permaneció inamovible. Y cuando todo aquí llegue a su final, en Apocalipsis Juan ve un trono establecido en el cielo, y en el trono uno sentadocon majestad sin par (Ap 4:1-3).

Ahora nos preguntamos: ¿Dónde radica la firmeza del trono de Dios? Sin dudas, la primera respuesta es que en él está sentado el Eterno, aquel de quien escribió Moisés: Desde el siglo y hasta el siglo tú eres Dios(Sal 90:2)Pero además, la Biblia describe que la justicia y el juicio son el cimiento del trono de Dios (Sal 89:14). Dios es Justo (Esd 9:15; Sal 7:9), por tanto, sus juicios son verdad, todos justos… (Sal 19:9). Dios no juzga de la manera que el hombre lo hace (1 S 16:7), y de Cristo se profetizó que no juzgaría segun la vista de sus ojos, ni argüiría por lo que oyeren sus oídos, sino que juzgaría con justicia… (Isa 11:3,4). Esa justicia se manifestó plenamente cuando Cristo hizo el juicio de la mujer sorprendida en adulterio. Él mandó que la comenzara a apedrear aquel que no tuviera pecado. Pero la conciencia gritó dentro de los acusadores, reprendiéndoles por su hipocresía, y se fueron. Entonces, Jesús dictó sentencia en su juicio, y dijo a la mujer: Ni yo te condeno, vete y no peques más(Jn 8:2-11). Ahora, la obra donde se manifestó en manera destellante la justicia divina, fue cuando el Cordero de Dios cargó sobre sí el pecado de todos nosotros en la cruz (Isa 53:6). Con su victoria sobre el pecado, Cristo le arrebató al diablo las llaves de la muerte y del Hades (Ap 1:18). El Padre exaltó a Cristo, lo hizo sentar en su trono, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. Ese nombre es un título honorífico que contiene esta expresión: Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre(Fil 2:9-11). Por tanto, así se profetizó el regreso a la gloria del victorioso Señor: Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria…(Sal 24:7).

Dios  nos ha trasladado de la potestad de las tinieblas al reino de su amado Hijo (Col 1:13). En Él estamos llamados a resisitir los embates de nuestros enemigos en las regiones celestes (Ef 6:10-13). Cada cristiano es un soldado en este mundo, llamado a pelear la buena batalla de la fe y a prevalecer contra Satanás, el mundo y la carne (1 Ti 6:12; 1 P 5:8; 1 Jn 2:15; Gl 5:16). Por tanto, la armadura que debemos tomar es la de Dios (Ef 6:11,13), o sea, la armadura conque el mismo Dios ha prevalecido victoriosamente sobre sus enemigos. Nosotros no somos de los que retoceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma(He 10:39). Al recordar que la justicia y el juicio sirven de cimiento al trono de Dios, entendemos mejor por qué se nos recomienda vestirnos con la coraza de justicia (Ef 6:14).

Amados, si nos mantenemos como Moisés, viendo al invisble (He 11:27), la firmeza de Dios nos afectará positivamente y podremos testificar con Pablo al final: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida(2 Ti 4:7,8).

¡Que podamos permanecer de pie! Entonces cantaremos:

¡Cuán firme es el trono de Dios!

En la estabilidad de su gracia,

Pst. Eliseo Rodríguez.

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