¿De dónde vendrá mi socorro?
¿De dónde vendrá mi socorro?

¿De dónde vendrá mi socorro?

Estamos convencidos de que, cuando las cosas pasan, se deben a nuestra acción, olvidando incluso como cristianos que hay una mano que guía los acontecimientos de nuestra vida.

Dice una conocida frase que “lo que no te mata, te hace más fuerte”. De ese concepto, que tenemos bastante o cada vez más integrado en nuestro inconsciente colectivo, se derivan otras muchas ideas, como la que está implícita en el propio planteamiento: es la propia dificultad la que nos hace crecer. Sin embargo, yo quisiera dedicarme hoy, en estas pocas líneas, a desmontar brevemente esta idea, porque aunque entiendo lo que pretende decir, creo que en esencia apunta en la dirección equivocada.

En un mundo como el nuestro, en el que cada vez nos vemos a nosotros mismos como más autosuficientes y capaces de responder de forma autónoma a las demandas de nuestro día a día, tendemos a confundir la fuente de la que provienen nuestras fuerzas y, en definitiva, nuestro socorro en general con nuestros propios méritos o con acciones que nos repercuten pero no se sabe muy bien de dónde vienen.

No solo sospechamos, sino estamos convencidos de que, cuando las cosas pasan, se deben a nuestra acción, olvidando incluso como cristianos que hay una mano por encima y por debajo nuestra que guía los acontecimientos de nuestra vida, incluso los que nos resultan más insignificantes.

De la misma forma que el humanismo ha convencido a buena parte del mundo de que las personas somos capaces de absolutamente todo aquello que nos propongamos (curioso, en cualquier caso, que no hemos sido capaces de burlar la enfermedad o la muerte, por mucho empeño que sigamos poniendo), también nos hemos empeñado en atribuirle a todo lo inerte o impersonal capacidades absolutamente sorprendentes, porque pertenecen al mundo de lo humano o, directamente, de lo sobrenatural, con lo que su acción no es cosa nuestra, en definitiva, pero sí de otros entes, siempre que no sean Dios (porque reconocer eso sería mucho pedir para el hombre posmoderno). Es lo que ocurre cuando, por ejemplo y solo por mencionar uno de los muchos, hablamos de la “madre naturaleza” y la convertimos, no solo en ser animado con capacidad de hablarnos por sí misma, sino en Dios mismo en muchas ocasiones.

Algo parecido sucede con la dificultad, y la vemos como si ella, por sí misma, fuera capaz de tomar cartas en nuestros asuntos y convertirnos en súper-hombres y súper-mujeres a través de no se sabe muy bien qué procedimientos. Sin embargo, cuando miramos a la realidad que nos rodea, nos damos cuenta de que la dificultad no tiene el mismo efecto sobre todo el mundo.

En algunas personas produce desesperación, abandono o incluso suicidio en ciertos casos. Y en aquellos escenarios en que las consecuencias no son tan negativas o nefastas, que los hay y muchos, me pregunto si verdaderamente es la dificultad en sí la que viste a las personas de las habilidades necesarias para la superación o si, por el contrario, más bien es la gestión que la persona hace de esa dificultad la que marca la gran diferencia. La siguiente pregunta, y obligada para mí es “¿Y quién permite a las personas que puedan manejar bien sus asuntos? En la respuesta a esta cuestión está la clave de la vida y del afrontamiento ante la dificultad. La pregunta que me hago tiene derivaciones muy prácticas: ¿de quién provienen la sabiduría necesaria, las fuerzas, las personas idóneas, la perspectiva, el ingenio, la creatividad, la capacidad de afrontar y otros muchos elementos que se convierten en necesidad para poder, verdaderamente, crecer en la dificultad o, como mínimo, afrontarla para la supervivencia?. Desde luego, si creemos en un mundo gobernado por Dios mismo, no podemos pensar que esto venga de un lugar o fuente distintos que Él.

La dificultad, de por sí, no tiene poder reparador. Sólo informativo, aclarándonos o recordándonos cuán frágiles somos. Todo lo necesario para un buen afrontamiento hemos de pedirlo a quien verdaderamente es la fuente de nuestro socorro.

“Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121:1 y 2). No son pocas las veces que se nos anima desde la Palabra a considerar que “la prueba de nuestra fe -la cual permite Dios mismo, con lo que es Su mano la que está al final de la escena en todo momento- produce paciencia” y, en tales situaciones, ante nuestra dificultad para poder siquiera discernir qué es mejor hacer en cada caso, se nos indica que ante nuestra falta de sabiduría la pidamos a Dios, “el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago, capítulo 1) Es Dios mismo y no otro el que nos muestra la senda de la vida (Salmo 16:11).

Prescindir de ese “pequeño elemento” para atribuirle esa función a cualquier otra cosa no es más que un signo más, quizá de los más representativos, del alto nivel de impiedad y falta de conciencia que tenemos sobre Quién gobierna verdaderamente el Universo (y, por ende, también nuestras vidas).

Atribuirle esa gloria a cualquier otra cosa no hace sino quitarle gloria a Dios, que es el único merecedor de ella. Incluso en las vidas de quienes no reconocen a Dios como Salvador y Señor de sus existencias, también hay una buena dosis de gracia que explica que puedan enfrentar sus dificultades de manera que puedan abordarlas y crecer sin saber que es Dios mismo quien controla sus hilos y quien les ha proporcionado lo necesario.

Todo don perfecto, toda cosa buena, viene de Dios, y también lo es la capacidad de afrontar las situaciones, incluso cuando no lo vemos así o no sabemos que está pasando. Ojalá estas personas, quienes aún no conocen a Dios de cerca, puedan aprovechar, dentro de esa gracia, para responder al Dios que les busca. Ojalá los que ya le conocemos, los que ya hemos sido encontrados, no nos perdamos en un mar de falsas atribuciones acerca de los hilos que mueven nuestra vida, para mayor gloria Suya.

Autor: Lidia Martín

Entradas Relacionadas

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.