DIOS NO SE QUEDÓ SIN TESTIMONIO
DIOS NO SE QUEDÓ SIN TESTIMONIO

DIOS NO SE QUEDÓ SIN TESTIMONIO

Pablo y Bernabé hicieron juntos su primer viaje misionero, hablando con denuedo la Palabra, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos, señales y prodigios. Ese avance misionero los llevó a Listra donde un hombre cojo de nacimiento fue sanado milagrosamente por la palabra de fe. La admiración fue tan fuerte, que los ignorantes de la verdad pensaron que Pablo y Bernabé eran dioses manifestados en semejanza de hombres. Pero en verdad, eran hombres que sólo traían un mensaje de parte de Dios, invitando a todos a arrepentirse de las vanidades y convertirse al Dios vivo.

En su discurso, Pablo y Bernabé les anunciaron que, en las edades pasadas, Dios ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos, Por tanto, tienen la responsabilidad inevitable de dar cuentas por decidir vivir lejos del Creador. Como dice Romanos 1:20, las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pero, a su vez, Dios no se dejó a sí mismo sin testimonio. Lo ha realizado haciendo bien, dando lluvias del cielo y tiempos fructíferos y llenando de sustento y de alegría los corazones de sus siervos (Ver Hch 14:1-17). Cuando vemos los cielos, obra de los dedos de Dios, la luna y las estrellas que él formó, tenemos que admitir: ¿Qué es el hombre para que Dios tenga de él memoria y el hijo del hombre para que lo visite? (Sal 8:3,4). En verdad, los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos(19:1). La creación emite en silencio una voz que recorre toda la tierra, es la evidencia irreversible de la existencia del Creador (vv. 3,4).

Mientras que millones se han entregado a caminar en pos de sí mismos, el Señor siempre ha levantado, aunque sea a uno, cuya vida sea un testimonio irrevocable a la fe. Hubo varios tiempos y lugares, donde Dios tuvo a uno sólo, a veces a dos y, en el mejor de los casos, solo a tres o cuatro hombres y/o mujeres cuyas vidas trajeron al mundo el conocimiento del Dios Todopoderoso. Parece desanimante ser el único en la familia que busca a Dios, el único en la escuela que confiese ser de Cristo, o el único obrero entre muchos que dice creer que hay un Creador. Es más difícil aún, cuando a causa de Cristo, los enemigos del hombre vienen a ser los de su propia casa (Ver Mt 10:36). Pero tengo buenas noticias para aquellos que se sienten así. Quizás usted es la persona que el Señor ha dejado como testimonio de su amor aún entre los que ignoran su gracia. Miremos estos ejemplos:

Conozco a un solo Noé, en medio de todo un mundo marcado por la violencia y la pérdida de la identidad moral. Cuando la maldad de los hombres eran tanta que Dios determinó el fin de todo ser, había uno solo, del cual se nos dice: Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová(Gn 6:8)Esa fe suya condenó al mundo (He 11:7) y, cuando el juicio decretado ocurrió, Dios guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, su familia (2 P 2:5). Si en un núcleo familiar Dios tiene, aunque sea, a uno que viva para su gloria, ese va a constituir el testimonio de Dios en el hogar, para influenciar positivamente a los demás con el evangelio de Cristo.

Conozco a uno solo que fue llamado el padre de la fe. Él creyó en esperanza contra esperanza (Ro 4:18). Es que tenía noventa y nueve años cuando Dios le avisó que, al llegar el siguiente año, su esposa, que era estéril, daría a luz un hijo, el primero de una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar (Gn 17:1). El testimonio de Dios en Abraham fue tan sólido que éste se fortaleció en fe dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido(Ro 4:20,21). Hoy, tanto judíos como gentiles, formamos la descendencia innumerable de los que seguimos las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham (4:12). Dios sabe multiplicar la fidelidad de uno solo y hacerla llegar a multitudes hasta los confines de la tierra.

Conozco solo a dos, en Susa, la capital de Persia, aquellos Mardoqueo y Ester que no ocultaron su identidad como gente de Dios en medio de una nación con principios contrarios. Pero Mardoqueo tuvo fe que Dios había llamado a su prima para aquella hora (Est 4:14). Un edicto de muerte, firmado por el rey Asuero, y por la iniciativa del malvado Amán, amenazaba la vida de muchos israelitas en aquella tierra. Pero Ester oyó la voz del piadoso Mardoqueo y se presentó valientemente ante el rey, aun antes de ser llamada (5:1-3). El testimonio de ambos fue respaldado por Dios y hubo respiro y liberación para todos los judíos que habitaban en aquel Imperio (8:15-17).

Conozco solo a cuatro, a Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego que pusieron en alto el nombre del Dios Todopoderoso en un tiempo de terrible amenaza para sus propias vidas. Daniel propuso en su corazón no contaminarse (Dan 1:8). Por esa postura de fidelidad, Dios lo honró en Babilonia. Sus tres compañeros constituyeron, igualmente, un testimonio digno de honor, cuando estuvieron dispuestos a ser lanzados al horno de fuego, con tal de no postrarse ante la imagen idolátrica del pagano gobernante. Por tanto, Dios testificó a favor de ellos, salvándolos del fuego y levantándolos como príncipes de renombre en toda Babilonia (Dan 3). El mismo Daniel oraba tres veces al día ante la vista de quienes aborrecían su fe, en el mismo tiempo cuando un edicto del rey prohibía hacer petición a la Deidad. Dios tuvo en Daniel un tipo de hombre fiel que está dispuesto a arriesgar la vida misma, con tal de mantener su testimonio de fe. Por tanto, el Omnipotente cerró la boca de los leones y el milagro dio lugar a un edicto para todo un imperio, que todos debían temer y temblar ante la presencia del Dios de Daniel (Dan 6:1-28).

¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de un solo Abdías, temeroso de Jehová en la misma corte del pagano rey Acab (1 R 18:3), de un solo Elías, profeta de Dios, desafiando espiritualmente a tantos profetas de Baal (1 R 18:22), de un solitario Jeremías, hundido en el cieno de una cisterna por decir al pueblo el testimonio de Dios (Jer 38:6), de una sola Débora que tuvo que convencer a Barac para que le ayudara en la batalla contra los enemigos de Dios (Jue 4). No nos alcanza el tiempo para contar de un solo Juan el Bautista, que vivía en los desiertos, pero que su testimonio acerca de la moral y de la llegada del Mesías, sacó de sus casas a todos los habitantes de Jerusalen para ser bautizados en el rio Jordán, confesando sus pecados (Mr 1:1-5). Hasta el gremio político, militar y religioso, fue sacudido por aquel hombre que dijo ser la voz de uno que clamaba en el desierto (Lc 3:10-14). Y fundamentalmente, no se puede acabar esta crónica sin mencionar el testimonio más importante que Dios tuvo en esta tierra. Fue el de aquel que no pudo ser acompañado en su misión singular de dar su vida en rescate por todos, porque sólo él tiene la identidad de ser el Cordero de Dios (Jn 1:29,36). Su cruz fue el patíbulo impar donde el único que no hizo maldad, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios (Isa 53:9; He 9:14). El testimonio que entregó al mundo fue tan grande, que el propio Padre testificó dos veces: Este es mi hijo amado, en el cual tengo complacencia(Mt 3:17: 17:5).Y como testimonio sublime del valor de su sacrificio vicario, el Padre resucitó a Jesús de entre los muertos y le ha dado gloria por siempre a su diestra (1 P 1:21).

Amados, no cejemos en el testimonio de Cristo. Aun es el tiempo cuando el evangelio ha de ser predicado para testimonio a todas las naciones y, entonces, vendrá el fin (Mt 24:14). Hacen falta más hombres como Pedro y Juan, citados a una hora diaria en el templo, para hacer algo que hace temblar las cortes de Satanás: ellos dos iban allí a la hora novena, la de la oración(Hch 3:1). Dios aún busca a los Pablosque, siendo prisioneros por el testimonio de Cristo, la soledad de una celda no les ha impedido regocijarse en el Señor siempre (Fil 4:4). Dios todavía busca hombres de la talla de aquel anciano, quien estando aislado en Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo, estaba en el Espíritu en el día del Señor(Ap 1:9,10).
A nosotros nos ha tocado correr mucho más cerca de la meta. ¡Hagamos bien nuestro trabajo, y Dios podrá decir, al tenernos, que él tampoco ahora se dejó a sí mismo sin testimonio!

Comprometido con Él,
Vuestro servidor,

Pst Eliseo Rodríguez.
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org
www.quedicelabiblia.tv

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