EL Corazón De Un Hijo De Pastor
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EL MISTERIO DE LA SANTIDAD DE DIOS

CADA PALABRA QUE NACE ES DESDE MI EXPERIENCIA COMO HIJO DE PASTOR.

30 septiembre, 2015

A lo largo de la literatura bíblica vemos extraordinarios textos que adjudican la santidad de Dios. Existen dos textos fascinantes de los cuales elevan la santidad de Dios a la tercera potencia: “Santo, santo, santo (…)”, (Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8).

En los púlpitos y escuelas bíblicas la santidad se define principalmente como “pureza”. Pero me cuesta adjudicar esta definición al concepto de lo que es santo, “pureza” viene siendo una definición secundaria partiendo del contexto bíblico. No quiero pensar que los serafines, en el caso de Isaías y, los cuatro seres vivientes, en el caso de Apocalipsis decían: “pureza, pureza, pureza es Dios”, no me conformo con esto. En el contexto bíblico santo en hebreo es “kadosh” y su primera definición etimológica es separado y proviene de la palabra “cortar” o “separar”. Es básicamente como “un corte arriba de algo”, es como decir que “está por encima de lo demás”. Por tal razón, Dios está por encima a los demás dioses y más allá de nosotros, porque Él es tres veces santo.

En el Nuevo Testamento aparece Jesús junto con unos pescadores frustrados. Se encontraban a la orilla del lago de Genesaret (otros evangelios lo llaman Mar de Galilea o Tiberiades) cansados de tirar las redes y no pescar nada. Estaban lavando las redes y Jesús subió a la barca de uno de los pescadores llamado Simón Pedro. Se sentó y empezó a enseñar. Luego de terminar le pide a Simón que llevara la barca hacia aguas profundas y milagrosamente se llenan las redes, se rompen, piden ayuda a otros pescadores para que llegasen con otra barca y ambas barcas comenzaron a hundirse. La reacción de Simón Pedro fue caer de rodillas y decir: “¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador!” (Lucas 5:8 NVI). Pedro se dio cuenta que estaba ante la presencia del Santo hecho carne. Estaba desesperadamente incómodo, jamás pensó que ese Maestro era Dios.

La gente pecadora no se siente cómoda ante la santa presencia de Dios. Cuando la santidad de Dios se manifiesta, no se necesitan palabras para expresarla, ¡ese es el misterio! Pedro le pide a Jesús que se apartara, reconocía que había algo en Él que le incomodaba, pero estaba en una posición de rendición. Ante la presencia de Dios podemos caer de rodillas, no por nuestro razonamiento, sino por el encuentro de nuestra impureza y la santidad de Dios. Es imposible ignorar la santidad de Dios, pues ella trasciende nuestro pecado y nos hace reconocer que necesitamos ser cortados de todo lo que nos ata al pecado. Te invito a que te unas conmigo y comencemos a cortar todo lo que nos une al pecado, pero recuerda, ¡tiene que ser ante la presencia del Dios tres veces santo!

Por: Peter Rivera Jr

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