ESTA VEZ ES SOLA UNA
ESTA VEZ ES SOLA UNA

ESTA VEZ ES SOLA UNA

Si, en verdad, es la única. No hay dos esta vez. Si de esta última manera fuera, sería mucho más fácil reservar el propósito de aprovechar bien la otra. Pero esta vez, es una sola. El hecho que sólo sea una ahora, ha sido determinado por Dios mismo. Por tanto, aunque nosotros quisiéramos otra, nos sería negado por el Creador. Aquello que Dios ha determinado, solo Él lo pudiera cambiar, y a lo que nos referimos aquí, ya él ha dicho que es una sola la que nos ha concedido esta vez.

En realidad, debo comenzar diciendo que la reencarnación no existe. Y esta afirmación quizás ya te hizo entender a qué se refiere el título del presente Eco Pastoral. Estos fueron los ruegos de quien había desperdiciado la única ocasión que se le dio: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento (Lc 16:27,28). Son las palabras dichas por el alma de un rico que vivió indiferente a Dios en esta tierra. El sitio desde donde habló fue el lugar de tormento y su oración la dirigió a Abraham que estaba en el lugar de consolación. A quien se refería que fuera enviado como misionero de regreso a la tierra, era uno llamado Lázaro que, en la vida humana, aun en condiciones precarias, había aprovechado bien la única oportunidad que Dios da a las criaturas humanas esta vez. La petición del alma del rico en el Hades fue negada, porque el tiempo de vida asignado al hombre sobre la tierra es sólo una vez. La Biblia dice en forma irreversible: … está establecido para los hombres que mueran una vez y, después de esto, el juicio (He 9:27). Este versículo es concluyente en la cadena de textos bíblicos que expresan la manera cómo Dios ha fijado al hombre el orden de los tiempos y los límites de su habitación (Hch 17:26).

Cuando pensamos que al hombre Dios le ha asignado una sola vez para vivir sobre la tierra, entonces le damos crédito a lo que Pablo dice a los Efesios: aprovechando bien el tiempo…(Efesios 5:16).

Más aún, cuando pensamos que esta única oportunidad de convivir con nuestros semejantes es como neblina que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece (Stg 4:14), entonces nos asalta la pregunta, ¿de qué manera útil estamos invirtiendo esta singular oportunidad que Dios nos ha concedido? Pero la siguiente realidad todavía es más relevante y nos incita a una determinación que no podemos ignorar: Después que nuestro único chance de pasar por esta vida se haya terminado, entonces, el hombre entra en la esfera de la eternidad. Por tanto, esta es una pregunta de innegable valor: ¿de qué manera estamos haciendo tesoros para la esfera de la eternidad?

La Biblia nos da una serie de consejos divinos en relación al aprovechamiento de esta única vez que podemos existir aquí, de modo que se abran luego francas las puertas de la ciudad celestial. Por ejemplo:

Nos acordamos del consejo del Maestro: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan… (Mt 6:19,20).

En este mismo pensamiento, Cristo aconseja al hombre a ser rico para con Dios. Para enseñarnos a lograrlo, él contó la historia de aquel hombre cuya heredad había prosperado mucho y ya no tenía dónde guardar todos sus bienes materiales. Por tanto, la prosperidad material lo puso a delirar pensando que debía derribar sus graneros y edificarlos mayores, y allí poner todos sus frutos y sus bienes. De este modo pensó decirle a su alma, que comiera, bebiera, se regocijara, porque tenía garantizado bienes para muchos días. Pero este pobre rico, no tuvo en cuenta a Dios y su autoridad para conceder la vida y para quitarla. Por tanto, Cristo contó su declive fatal: la misma noche de su pensamiento vanidoso, una voz le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma y lo que has provisto, ¿de quién será? Al terminar de contar su historia, Jesús dijo que así es aquel que hace para sí tesoro, pero no es rico para con Dios (Lc 12:13-21). El significado de la conclusión dicha por Jesús es obvio: Si alguien vive para sí mismo, repleto de la avaricia que resulta de las tenencias materiales en donde Dios no es tenido en cuenta, ya es miserable en cuanto a Dios e ignora que hay unos graneros celestiales en los cuales también debemos pensar con reverencia. Cuando se vive la vida humana acorde con la realidad de la eternidad, cada cosa que tenemos aquí, no solo la consideramos dada por Dios, sino que la ponemos a disposición de su bendito reino.

Cuando Dios diseñó la iglesia, entre sus propósitos estaba que cada miembro cumpla la función que Dios le haya dado en el cuerpo de Cristo. Así que, para la mente de Dios, es absolutamente inconcebible que un cristiano pertenezca al cuerpo de Cristo y su mentalidad sea servirse a sí mismo y vivir para sus propios alfolíes. Dios no nos ha colocado en el tiempo para ser servidos, sino para servir, pues ese fue el ejemplo que dejó trazado en su propia vida el apóstol de nuestra fe, Jesucristo (Ver Mt 20:28). La identidad que Cristo nos ha asignado en esta esfera es la de linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Mas, ello no es un trofeo inmóvil que podamos exhibir a manera de amuleto visible. El mismo texto explica que el propósito es vertical y de alcance misionero: para que anunciéis las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 P 2:9). En este sentido el mismo Cristo dijo a sus discípulos que el propósito de nuestra identidad como pámpanos de la vid verdadera, es que llevemos fruto, más fruto, mucho fruto, que nuestro fruto permanezca, pues el Padre es glorificado cuando así sucede (Jn 15:1-8, 16),. Sirve de ejemplo también al respecto, lo que Pablo tenía determinado. Él tenía una clara revelación que la vida aquí es solo una. Por tanto, dijo: … de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios (Hch 20:24). Ese fue el mismo apóstol que tuvo una visión clara sobre esta única vez que vivimos aquí y las benditas glorias que nos esperan allá en la vida celestial. Por tanto, dijo: para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia… (Fil 1:21).

Amados, esta vez es sólo una, una sola oportunidad de estar aquí en la tierra, como aquellos a quienes Dios ha encargado el ministerio de la reconciliación (2 Co 5:18). Todo lo que no hagamos ahora, se queda sin hacer, pues no podemos regresar para reparar nuestra pereza. Necesitamos decidir vivir para la gloria de Dios, llevando fruto en toda buena obra y tratar de no agradarnos a nosotros mismos (Ro 15:1; Col 1:10). Nuestra oración debe ser, entonces, Señor, permíteme aprovechar mi oportunidad existencial a tal modo que pueda ser un instrumento de bien para tu honor y para el beneficio eterno de las criaturas humanas de las cuales me rodeaste. ¡Qué así nuestro Señor lo haga!

Incluido con vosotros en esta plegaria,

Vuestro servidor,

Pst, Eliseo Rodríguez
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity,org
www.quedicelabiblia.tv

Entradas Relacionadas

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.