LOS GRANDES GERUNDIOS DE NUESTRA REDENCIÓN
LOS GRANDES GERUNDIOS DE NUESTRA REDENCIÓN

LOS GRANDES GERUNDIOS DE NUESTRA REDENCIÓN

El Espíritu Santo que inspiró la Biblia no escatimó el uso del lenguaje más precioso para hacernos entender la trascendencia de nuestra redención. Uno de los recursos literarios más sobresalientes que usó fue el gerundio. El gerundio es una combinación del verbo que hace patente que una acción está en desarrollo. De esta manera, el gerundio es un modificador del verbo y se forma añadiendo al lexema del verbo los siguientes sufijos: ando, iendo,yendo. Veamos, por tanto, el uso de este recurso gramatical en el Nuevo Testamento para mostrarnos que nuestra redención es un hecho que promueve una acción continua de parte del Señor.

Primero, la Biblia dice que Cristo, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas (He 1:3). El plan redentor concebido en la eternidad, tuvo su realización. El gerundio aquí le da movimiento al verbo haberpara demostrarnos que la limpieza de nuestros pecados no fue un pensamiento volátil en la mente de Cristo, y menos una acción rápida como un pestañar. Después de sufrir la traición de uno de sus discípulos (Mr 14:10,11), la huida de otros diez de sus más cercanos seguidores (v. 50) y la negación de su discípulo más intrépido (66-72), el Señor fue llevado preso ante las autoridades religiosas de Israel (Jn 18:13) y acusado frente al gobernador romano (28-40). Luego de juicios injustos, Cristo vio venir la hora cuando trataría con los pecados de todos los hombres en la cruz.  La identidad de pecadoresque traemos congénitamente debido a la imputación del pecado de Adán (Ro 5:12), nos puso en falta respecto a la justicia divina (v. 18 a). Pero el Salvador estuvo crucificado por unas seis horas y, pendiente del madero, recibió el castigo correspondiente al pecador, a manera de un Cordero inocente destinado para la expiación. Él vino al mundo para purificarnos de nuestros pecados. Por ello, toda su sangre fue vertida, pues sería para la remisión de los pecados (Ver Mt 26:28). El derramamiento de aquella sangre, tal como lo presenta este primer gerundio, fue una acción que culminó en victoria, cuando el Cordero exclamó, Consumado es(Jn 19:30). Con ello dio por terminada la obra encomendada desde la eternidad.

En segundo lugar, Cristo resucitó victorioso de entre los muertos al tercer día, y fue visto por muchos en su cuerpo de resurrección. De este acto singular, Marcos y Pablo testifican con el uso de otro gerundio. Marcos dice: Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios” (Mr 16:9). Pablo escribe: Cristo “… habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” (Ro 6:9). En la primera cita, Marcos nos presenta la resurrección del Señor como un hecho ubicado en el tiempo y que fue seguido por su aparición vivo a los que habían sido testigos de su muerte. La resurrección es un hecho histórico, divino y, por tanto, también sobrenatural. La Biblia dice explícitamente que Dios resucitó a Cristo (1 Co 15:15). Pero, a su vez, Cristo había dicho previamente que él daba su vida para volverla a tomar, que tenía el poder de darla y de volverla a tomar (Jn 10:17,18). Junto a ello, la Biblia testifica que el Espíritu de Dios levantó de los muertos a Jesús (Ro 8:11). ¡Qué trascendente! El Dios trino participó en la victoria de Cristo sobre la muerte. Por eso, Pablo dice a los Corintios que, si Cristo no resucitó, vana es entonces su predicación y vana también la fe de los santos (1 Co 15:14).

Nuestra fe en Cristo tiene el testimonio, no solo de María Magdalena, sino de aquellos que comieron y bebieron con él después que resucitó (Hch 10:41). Dichos testimonios también tienen gerundios: Fue “… estandolas puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, que vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Ver Jn 20:19).  Si en los instrumentos jurídicos de Israel el testimonio de dos o tres testigos es suficiente para acreditar un hecho (Dt 17:6; Mt 18:16), ¿qué más necesitamos para sustentar nuestra fe si más de quinientos hermanos fueron testigos oculares de la resurrección del Señor? (1 Co 15:6). El gerundio testimonial de Marcos nos ayuda a entender que no adoramos a un cierto Jesús ya muerto,como dijo burlescamente Festo (Hch 25:19).  Ciertamente adoramos al Cristo vivo, al postrer Adán, quien es espíritu vivificante (1 Co 15:45). Además, el gerundio citado en la carta a los romanos le da acción continua al verbo, haciendo demostrable que nuestro Señor es el primogénito de entre los muertos (Col 1:18). Su resurrección “… sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti 1:10), pues cuando él venga a buscar su iglesia, “… los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Ts 4:14-16). Así que, la resurrección de Jesús no fue un hecho estático. Con el uso de un gerundio se atizan sus repercusiones permanentes y se evidencia que su vida penetra más allá de donde el tiempo acaba, hasta la eternidad. ¡Qué reunión gloriosa será aquella, que describió el himnólogo, cuando podamos volvernos a ver reunidos con nuestros amados allá!

Finalmente, después que Jesús comisionó a sus doce discípulos para que fueran a Jerusalén y esperaran la promesa del Padre, y de instruirles acerca del poder que recibirían cuando viniese sobre ellos el Espíritu Santo, Lucas nos describe usando algunos gerundios lo que sucedió:

habiendodicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.Y estandoellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirandoal cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Ver Hch 1:1-11).

El primer gerundio usado aquí ubica la trascendencia que tuvieron los últimos dichos del Señor en la tierra. Sabemos que las Palabras de Dios permanecen para siempre (1 P 1:24,25). Por tanto, tienen una acción continua y poderosa. Desde que el poder del Espíritu descendió sobre los discípulos en Pentecostés, el Espíritu Santo ha estado con la iglesia para sustentarla en la tierra a través de estos dos mil años. El segundo gerundio ubica la acción contemplativa de los discípulos con una mirada fija hacia el cielo a donde se iba el Señor. Entonces se hizo patente la respuesta de Dios a través de los ángeles que anunciaban su regreso. Desde aquel día en Betania, los verdaderos discípulos del Señor han mirado espiritualmente al cielo. Ellos saben que la ascensión del Señor tiene trascendencia, no solo porque Cristo sea nuestro abogado intercesor a la derecha del Padre (1 Jn 2:1), sino porque viene a tomarnos para sí, para que donde él está, nosotros también estemos (Jn 14:1-3).

Amados, todo lo que Jesús es, dice y hace, siempre es trascendente y tiene un alcance de continuidad. Su sangre, su muerte, su resurrección, su ascensión y la esperanza de su pronto retorno, continúa afectando positivamente a millones de beneficiarios que nos apropiamos de la gracia divina que de él emana cual raudal inagotable.

Es hora de hablar de Cristo a los perdidos y obedecer así aquella orden donde el Maestro usó gerundios para enviar al campo misionero a sus discípulos:“Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mt 10:7,8).

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Mt 24:46).

Vuestro en él,

Pst. Eliseo Rodríguez

www.iglesiamontedesion.org

www.christianzionuniversity.org

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