Pastor: Lic. Manuel de Jesús Hernández.
  • Pastor: Lic. Manuel de Jesús Hernández. ahora es un usuario registrado hace 3 semanas

    • La voluntad de Dios, para su pueblo.
      Según la Biblia, la voluntad de Dios para Su pueblo siempre ha sido que tengamos mucho que disfrutar y mucho que dar. Incluso en los tiempos del Antiguo Testamento, Él les dijo a los israelitas: «No deberá haber pobres en medio de ti» (Deuteronomio 15:4, Nueva Traducción Viviente).
      El Nuevo Testamento lo expresa aún más enfáticamente: «Dios puede hacer que toda la gracia (todo favor y bendición terrenal) venga a ustedes en abundancia, para que siempre, bajo todas las circunstancias y cualquiera que sea la necesidad sean autosuficientes [poseyendo lo suficiente para no requerir ninguna ayuda o apoyo y ser suministradores en abundancia para cada buena obra y donación de caridad]» (2 Corintios 9:8, Biblia Amplificada, Edición Clásica).
      “Bueno, hermano Copeland, sé que Dios lo dijo, pero debe haber alguna trampa porque muchos cristianos no prosperan en absoluto. Muchos de nosotros le hemos pedido repetidamente a Dios por la gracia de incrementar financieramente y esa gracia aún no ha aparecido.”
      ¡Claro que sí! Simplemente no la reconociste. Esperabas que se manifestara en la forma de un cheque por correo o un ascenso en el trabajo. Pero no es así como se manifiesta por primera vez la gracia de Dios para prosperar. Se nos manifiesta hoy, como lo hizo inicialmente a los creyentes macedonios en el día del Apóstol Pablo. ¿Alguna vez has leído sobre ellos? Si alguien alguna vez necesitó de ayuda financiera, ¡eran ellos! No sólo estaban luchando económicamente. Cuando Pablo fue a verlos, estaban en la pobreza extrema.
      ¿Qué hizo Dios para cambiar la situación?
      Él les presentó la oportunidad de dar en una ofrenda que se estaba recibiendo para la iglesia en Jerusalén. Dios puso Su gracia a trabajar para ellos “despertando en ellos el deseo de dar” (2 Corintios 8:1, AMPC). Como escribió Pablo: «Estas iglesias están siendo probadas con muchas aflicciones y además son muy pobres; pero a la vez rebosan de abundante alegría, la cual se desbordó en gran generosidad, dieron no solo lo que podían, sino aún mucho más. Y lo hicieron por voluntad propia. Nos suplicaron una y otra vez tener el privilegio de participar en la ofrenda para los creyentes de Jerusalén.» (Versículos 2-4, NTV).
      Conozco a cristianos que se molestan si oyen hablar de algo similar hoy en día. Si descubren que un ministro ha permitido que un creyente con problemas financieros entregue una ofrenda, se enojan y dicen: “Las personas en extrema pobreza deben aferrarse a cada centavo que tengan. No tienen suficiente en este momento. ¡Dios ciertamente no requiere que ellos ofrenden!”
      De hecho, sí lo hace, particularmente si están creyendo por prosperar, les exige dar; no porque intente obtener algo de ellos, sino porque quiere obtener algo para ellos. Porque quiere que activen la ley espiritual de la que Jesús habló en Lucas 6:38: «Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante…»
      La acción de dar comienza el ciclo de recepción. Es por eso por lo que: “Hay más bendición en dar que en recibir.»
      (Hechos 20:35). Cuando damos, ¡estamos plantando semillas financieras que LA BENDICIÓN del SEÑOR puede multiplicar en una cosecha financiera que nos sacará de la pobreza, nos prosperará y nos hará una BENDICIÓN para el mundo!, sean mas enriquecidos y bendecidos en el nombre que es sobre todo nombre, el de nuestro Señor Jesucristo, que Dios padre les continúe bendiciendo.