¡NADIE ES BUENO!
¡NADIE ES BUENO!

¡NADIE ES BUENO!

Recuerdo una vez escuchar una compañera gritar en un pasillo de la escuela: “¡nadie es bueno!”, tras la pérdida de su relación de noviazgo. Luego, leyendo la Biblia me topo con una conversación interesante entre Jesús y un joven rico. Desde luego, retumba consecutivamente en mi cabeza las palabras de Jesús al joven rico: “Solo hay Uno que es bueno“, (‭‭Mateo‬ ‭19:17 NTV).

Aquella joven desilusionada estaba en lo cierto, nadie es bueno porque el pecado está extendido a toda la humanidad. Estamos dispuestos a aceptar que somos pecadores, pero el reconocer que nadie es bueno es muy difícil. Puedo pensar que hay personas que hacen el “bien”, ¡pero me hace dudar! En base a las palabras de Jesús nadie es bueno, es sólo Uno.

El término del bien es un tanto relativo, sin embargo ante una mirada bíblica podría tener dos vertientes; una parte se mide ante las acciones externas de los mandamientos, en otras palabras, seguirlos; y la otra , antes de que Dios categorice nuestras acciones como unas “buenas” Él considera la motivación de la misma y, es aquí donde radica para mí el problema. Nosotros tenemos la capacidad de mirar las apariencias externas, pero Dios mira las intenciones del corazón. Para que una obra se considere “buena” no tan solo tiene que ser de acuerdo a las exigencias de los mandamientos, sino también motivada internamente por un amor sincero a Dios.

Jesús nos deja claro que el más grande y primer mandamiento es amar a Dios con todo nuestro corazón y mente (Éxodo 20:3-7;Mateo 22:38). Por lo tanto, toda acción en nuestra vida tiene que proceder de un corazón que ama en una totalidad a Dios. ¡Nadie entre nosotros ha amado jamás a Dios con todo el corazón y mente! No seamos religiosos, el pecado está mezclado dentro de nuestras “buenas” intenciones. Dios demanda perfección. Es por eso que nosotros somos salvo por Su gracia, no por las intenciones de las obras.

En conclusión, nunca he minimizado la gracia de Dios, aún con nuestros impulsos que nos motivan hacer cosas “buenas”, Dios en su pleno juicio sabe que nadie lo ama a Él como se merece y, que nuestras acciones están originadas por el beneficio que trae en el reino o aunque sea por el mínimo reconocimiento. Como dice Tim Keller en su libro “The Prodigal God”: “es necesario arrepentirse por las cosas malas, pero también por las intención de hacer las cosas buenas”. Reconozco que el pecado está mezclado en mis acciones. Es por eso que concluyo, nadie es bueno, pero Su gracia misteriosa nos levanta y nos permite caminar cerca de Dios y ser partícipes del acto más hermoso que ha de acontecer, Su segunda venida.

“Cuando un hombre descubre sus faltas, Dios las cubre. Cuando un hombre las esconde, Dios las descubre, cuando las reconoce, Dios las olvida.”
-San Agustín (354-430)

Por Peter Rivera Jr.

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