PROPÓSITO
PROPÓSITO

PROPÓSITO

Él es, no solamente importante, sino imprescindible. Cuando falta propósito, falta la fuerza que mueve el hacer, falta la energía que domina la acción. Por tanto, es impostergable la necesidad de disponer el corazón. Sólo cuando hay una decisión tomada con firmeza, se camina hacia la meta sin retroceder.

Al estudiar en la Biblia las trayectorias de los grandes héroes de la fe, propósito fue un común denominador entre todos. También, al estudiar el fracaso de quienes quedaron a medio camino en su llamado a la cumbre, propósito fue el gran ausente en su carrera. Dios bendice a aquel que tiene un compromiso irreversible con su vocación. Miremos estos testimonios que acreditan la importancia de un propósito:

Una decisión profundamente arraigada en las fibras del espíritu fue lo que hizo de José una rama fructíferay le dio el milagro que su arco se mantuviera poderoso (Gn 49:22-24). José rechazó la oferta del pecado y se negó con determinación irrevocable a dejarse llevar por la corriente de sus propios instintos (39:7-15).  El propósito de integridad lo hizo vencedor y le sirvió de camino al palacio de Faraón. Dios honró en forma singular la determinación a la fidelidad de aquel jovencito vendido otrora como mercancía esclava y lo hizo luego señor de todo Egipto (Gn 41:14-46).

La siguiente historia da fe sobre la valía de un corazón decidido:
Gedeón recibió la comisión divina de vencer a los madianitas que habían afligido a Israel. Para hacerlo necesitó un ejército de valientes, listos a avanzar sobre las huestes contrarias. Treinta y dos mil hombres respondieron al llamado de la batalla. Pero el Señor indicó que eran muchos para vencer a los madianitas, y que, si obtenían la victoria, el pueblo podría jactarse que el triunfo habría venido de su propia mano. Cuando se ofreció a los que se estremecían de temor, madrugar y devolverse, veintidós mil retrocedieron. El temor al enemigo fue más fuerte que una decisión rotunda de apoyarse en el Dios de los Ejércitos. Cuando sólo quedaron diez mil, todavía, para Dios, eran demasiados. Con una prueba más al arrojo del corazón, sólo quedaron trescientos. Así que, treinta y un mil setecientos soldados de Israel no mostraron las credenciales de un corazón sin doblez, decidido a enfrentar al enemigo. Esto significa que, menos del uno por ciento de los que respondieron al llamado inicial de Gedeón tenía el tipo de corazón característico de los que son vencedores. Mas, a ese por ciento tan humanamente desventajoso, Dios le prometió la victoria sobre las huestes de Madián, de Amalec y del Oriente, las que eran como langostas en multitud. Todo lo que tuvo que hacer aquel puñadode soldados fue tocar las trompetas, quebrar los cántaros, mantener en sus manos las teas ardiendo y hacer una proclamación del nombre del Señor. Entonces, los millares de enemigos huyeron gritando despavoridos y dejando a sus espaldas un testimonio protagonizado por trescientos valientes sobre cuán importante es tener un propósito firme, acorde al llamado del Señor (Jueces 7). De testimonios como este se sujeta aquella proclama hecha por uno de los más decididos de Israel:  Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla (1 S 17:47).

En todos los contextos, el reto supremo de los hijos de Dios siempre ha sido tener sano el corazón. Como cantó el dúo militar de Débora y Barac, es en el corazón donde se hacen las grandes resoluciones (Jue 5:1,15).

Rut era gentil y atravesaba un valle de sombra de muerte. Su suegro, su esposo y su cuñado habían muerto, parece, por causas accidentales. Pero su corazón tuvo, tal vez, alguna revelación sobre cómo Dios recompensa la lealtad. Así que, sin imitar a Orfa, ella decidió firmemente ir donde fuera su suegra, vivir donde viviera ella, hacer del pueblo de su suegra el suyo, y que el Dios de Noemí sería también su Dios. Prometió que solo la muerte haría separación entre ambas. Como Noemí no la pudo persuadir a que desistiera, Rut la acompañó en su regreso a Belén, y, como recompensa, aquella mujer Moabita se casó con Booz y vino a formar parte del linaje del rey David, por tanto, también de la genealogía del Mesías. (Rut 1-4). Un propósito bien trazado en la presencia de Dios, nos llevará a niveles que sólo el mismo Dios puede saber.

Un propósito del corazón, igualmente, fue lo que salvó a Daniel de la contaminación en Babilonia. El Espíritu Santo inspiró escribir su testimonio, el cual revela la materia espiritual de la que estaba fabricado aquel joven israelita: … Daniel propuso en su corazón no contaminarse…(Dan 1:18). Como toda buena decisión vertical halla recompensa del Padre eterno, lo que Dios hizo con Daniel no fue la excepción: Le dio sabiduría para descifrar enigmas e interpretar sueños y visiones (Dan 1:17: 5:13-31). También lo libró de los leones en el foso donde fue echado por su decisión de continuar orando tres veces al día (6:10-27). Y finalmente, el Señor le permitió prevalecer como un hombre fiel dentro de las cortes de varios reyes paganos (6:28). Los jóvenes cristianos de todos los tiempos han tenido en Daniel un paradigma de lealtad decidida, de pureza programada, en contextos absolutamente adversos a la integridad.

Así mismo, al comienzo de la iglesia en Antioquía, Bernabé fue allí desde Jerusalén y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor(Hch 11:22,23). La enseñanza judaizante era una corriente contraria al evangelio de Jesucristo. Por tanto, se requería una entereza inflexible respecto a seguir a Cristo en medio del fuego cruzado entre la verdad y las doctrinas del error.  La iglesia de Antioquía hizo caso al reclamo de aquel a quien llamaban hijo de consolación(Hch 4:36) y el propósito de fidelidad al Señor la llevó a ser la empresa misionera más grande del primer siglo. Las misiones mundiales tuvieron su inicio allí en Antioquía de Siria.

Pablo tuvo bien definido su propósito de proseguir a la más grande meta de su vida. La revelación de su decisión la plasmó en una carta que habría de enviar a los hermanos filipenses, desde su encarcelamiento en Roma. Estaba físicamente inmóvil, quizás encadenado y hacinado a un celda estrecha y oscura. Pero desde dentro de aquellas cerraduras de hierro les dijo a los hermanos dos veces: prosigo. Primero dijo proseguir para ver si lograba asir aquello para lo cual fue también asido por Cristo Jesús (Fil 3:12). Luego dijo: prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús(v. 14). Entre ambas declaraciones anunció su propósito de extenderse a lo que estaba delante (v. 13). Su propósito de alcanzar la corona sirve para inspirar un himno, pues, con los pies en el cepo, todavía podía retar el corazón de los santos al decirles: sigamos…(v. 16). Esto es propósitode una categoría tan grande que debería animar nuestro peregrinar hacia la patria celestial.

Amados, los testimonios que hemos escrito en este Eco Pastoral, sólo tienen el propósito de inspirarnos a continuar en forma resuelta el trecho del camino que nos falta hasta llegar al cielo. Los retos que enfrentaron nuestros hermanos cristianos en los tiempos pasados fueron impresionantemente grandes. Pero el período de la historia donde nos ha tocado vivir y criar a nuestros hijos, es un inmenso desafío a la retención victoriosa de la verdadera fe. Nos parece muy necesario atender el llamado de Jesús a la iglesia de Filadelfia: Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona(Ap 3:11). En nuestro hemisferio occidental no es la sangre de los cristianos derramada en la arena de un circo lo que insulta a los militantes del evangelio. La amenaza es algo peor, es una avalancha enlodada de mundanalidad, de vanos entretenimientos, de un libertinaje desenfrenado en cuanto a lo moral. Es como una catarata fangosa ligada con todo tipo de herejías y falsas confesiones religiosas, que amenazan con arrastrar los fundamentos de la familia y del verdadero linaje escogido por Dios. Por tanto, el Señor nos está llamando a pararnos firmes como lo hizo Sama (2 S 23:11,12) y defender el territorio que nos ha correspondido en el reparto de responsabilidades que Dios ha hecho a todos respectivamente. Para terminar, me sirven las palabras de aquel decidido paladín del evangelio quien dijo: Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios(Hch 20:24).

Con una decisión tomada a favor de Cristo y su causa,

Vuestro servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org
www.quedicelabiblia.tv

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