Soy hijo de pastor, ¡QUÉ MALDICIÓN!
Soy hijo de pastor, ¡QUÉ MALDICIÓN!

Soy hijo de pastor, ¡QUÉ MALDICIÓN!

16 septiembre, 2015
SOY HIJO DE PASTOR, ¡QUÉ MALDICIÓN!
Somos el centro de atracción en la iglesia. Todos los ojos están puestos en nosotros. Vivimos con una presión que muchas veces deseamos no ser hijos de nuestros padres. Sentimos que no podemos más, vivimos con miedo a las malas expresiones hacia nuestra familia. Nos critican, hablan de nosotros, desean que seamos líderes, anhelan vernos hacer lo mismo que hacen nuestros padres. No podemos pasar al altar a pedir oración, porque rápidamente comienzan a decir que estamos alejados de Dios. Nos tenemos que sentar en los escaños de al frente. La mayoría de la veces nos profetizan de “parte” de Dios que seremos como nuestros padres, cuando no encajamos en su llamado. Tenemos que dar el ejemplo en todo lugar. Hace treinta años atrás no podíamos disfrutar del cine, ¡era pecado! Muchas veces nos quedamos dormidos esperando al beso de la noche, porque la reunión en la cual estaban se había extendido. Tenemos que dar consejería a todos los niños y jóvenes, pero ¿quién nos la da a nosotros, si nadie nos entiende? Nos sentimos solos, aunque estamos rodeados de muchas personas, ¡qué ironía! Solo por la posición que llevamos en la iglesia.

Sí, si has pasado por esto, ¡felicidades!, eres hij@ de pastor/a. Cuánto sufrimos, cuánto lloramos, cuánto anhelamos que nos traten como personas normales. Como duele cuando escuchamos críticas hacia nuestros padres. Toda la congregación nos mira como si fuéramos personas de otro mundo. No podemos fallar. Somos los seres perfectos, según las personas. Me duele cuando veo a hijos de pastores/as revelados con Dios, su familia y la iglesia. Mi corazón se destroza, porque sé lo que viven, mi corazón se destroza porque sé lo que desean. ¡Deseamos que nos traten como personas normales!

Hay una gran cantidad que están en el mismo lugar que yo. Muchos de ellos lejos de Dios. ¿Por qué? Me he dado cuenta que muchas veces es por los mismos padres. Atienden más a la iglesia, que a sus propias familias, cuando la familia es el primer ministerio. Muchos de ell@s predican en las campañas de la familia, los principios de una familia cristiana, cuando ellos son los primeros que no lo aplican. ¡No es que los critique, es lo que veo! ¿Dónde hemos dejado el altar familiar? ¿Dónde hemos dejado los estudios bíblicos familiares? ¡Es una tristeza! Creo que debería ser Dios, familia y luego el ministerio. El ver que mis padres lo que predican en el altar santo, lo viven en nuestra intimidad como familia, es el impulso para acercarme más a Dios. Nosotros los hij@s de pastores tenemos tentaciones, muchas veces caemos como tú (yo peco TODOS los días) y necesitamos de Dios, como tú lo necesitas. No es fácil la vida que llevamos, muchos pensamos que es una maldición pertenecer a la familia pastoral. Pero cuando encontramos el propósito de Dios en nuestras vidas, es una bendición. No tienes que seguir el “legado” pastoral, eso no se hereda, es un llamado. Si ese no es tu llamado, ¡felicidades! Cumple con el llamado de Dios, no complazcas a la humanidad, yo prefiero caer mal a la gente y agradar a Dios. Y en esto soy egoísta, Dios tiene en Su corazón un lugar especial para los hij@s de pastores/as.

Mi nombre es Peter Rivera Jr., soy hijo de un pastor y vivo orgulloso de serlo.

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