Transferencia | Reflexión
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Josué 11:13 y   2 Corintios 5 – 6

“Tal como el SEÑOR había ordenado a Moisés su siervo, así Moisés lo ordenó a Josué, y así Josué lo hizo; no dejó de hacer nada de todo lo que el SEÑOR había ordenado a Moisés”, Josué 11:15

¿Qué pasaría si a los críticos de cine los dejáramos actuar o dirigir una película? ¿Qué pasaría si a los comentaristas deportivos los vistiéramos de pantalón corto y los pusiéramos como delanteros titulares de la selección nacional en la final decisiva? Oscares y goles es lo que esperaríamos de tan experimentados y apasionados conocedores, pero la verdad es que poco es lo que podrían hacer estos expertos en la observación y la teoría. Bueno, como dice el dicho “cada loco con su tema” y “cada experto en su lugar”, su trabajo es importante y sus puntos de vista no son desacertados, aunque muchas veces apasionados y dolorosos, y sirven para ver el panorama desde otra óptica.

Sin embargo, lo importante es que tanto el crítico como el comentarista sepan lo que están diciendo. Recuerdo la vez que estaba viendo un concurso de belleza en el momento en que las señoritas eran evaluadas en cultura general. A una de ellas el maestro de ceremonias le preguntó: “Cuál es tu autor favorito”, a lo que ella contestó con una sonrisa y un ligero mohín coqueto: “Hay un autor que siempre me ha cautivado y del que he leído todos sus libros. Nadie mejor que el señor Best Sellers” (¿?). Al parecer, los conocimientos de literatura de la buena moza señorita no eran tan vastos como los que tenía de maquillaje y peinado.

Igual de desilusionante y hasta tragicómico es cuando las personas dicen conocer de temas espirituales o cristianos y lo único que escuchamos de ellas son puras tonteras. Nuestra fe es milenaria y no se inventó ayer. Ha sido sometida al fuego de la prueba en infinidad de oportunidades y miles de individuos han intentado acallarla y destruirla, pero a comienzos del siglo XXI sigue tan fuerte como al principio. Lamentablemente, los seudo encargados “oficiales” de la transferencia de información de generación en generación siempre han dejado un sabor amargo debido a su falta de integridad en la entrega del mensaje. En realidad el problema no es lo que dice la Biblia, sino cómo la explicaron sus voceros. Lo que nos queda al final son millones de opiniones encontradas y teorías descabelladas que representan a millones de hombres y mujeres a los que se les deja sin esperanza, prejuiciados con un mensaje que pareciera más de un déspota o un loco que del mismísimo Dios.

En el pasaje del encabezado vemos la fidelidad de Moisés para con Josué y de él mismo para con  el mandato que habían recibido. La transferencia debía ser perfecta porque perfecto era el mensaje. Es un asunto de responsabilidad y respeto, y por eso, ellos no fueron ligeros y nosotros  tampoco podemos seguir siendo ligeros y permitiendo que se tome con ligereza un mensaje que es de vital importancia para la vida. El apóstol Pablo entendía de esta responsabilidad (unos 1.600 años después de Josué y 2.000 antes de nosotros) y les decía a sus discípulos de Corinto: “Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo”, 2 Corintios 5:9-10. El mensaje y la práctica cristiana nunca ha estado, ni estará, sujeta a nuestra opinión, sino al escrutinio de Dios que ha dejado un mensaje claro del que somos responsables por conocer y compartir con fidelidad.

Cuando hay transferencia correcta de información existe también la posibilidad de resultados correctos. Leía en el Time Magazine el comentario acerca de un libro homenaje a todos los que construyeron el ferrocarril en los Estados Unidos, y me sorprendió la casi perfección de las labores de ingeniería: “Los equipos de trabajadores de Central pacific y Union Pacific comenzaron a ambos lados de la costa del país, avanzaron contra obstáculos casi inexpugnables y de paso reescribieron los libros de ingeniería. Dos cuadrillas que perforaron desde direcciones opuestas el túnel summit en Nevada tuvieron un error de apenas cinco centímetros cuando se encontraron”. Este portento de ingeniería no se construyó solo con extraviadas opiniones, sino con el respaldo de hombres íntegros y sabios que supieron transferir la información de sus conocimientos al plano de la realidad. ¿Estás viviendo en la realidad las altisonantes ofertas del evangelio? ¿Estás transfiriendo con palabras y hechos el mensaje del Evangelio a tu familia y a los que te rodean? ¿Crees de verdad en lo que dices creer? ¿Conoces de verdad lo que dices conocer? ¿Te has dado el tiempo de investigar el significado de tu fe?

¿Quieres saber hasta dónde llega el currículo de un interlocutor válido? El apóstol Pablo habla así del costo de ser fiel en la transferencia del mensaje de Dios: “No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditado, sino que en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, en paciencia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, y he aquí, vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo”,2 Corintios 6:3-10. Antes de opinar nuevamente…

 

Pepe Mendoza

Post source : http://www.thegospelcoalition.org/

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