UN ANCLA DE SENTIDO DIFERENTE
UN ANCLA DE SENTIDO DIFERENTE

UN ANCLA DE SENTIDO DIFERENTE

Tengo vivos los recuerdos de las anclas. En un período de mi vida joven viajé cada mes por barco, además de otras ocasiones posteriores cuando lo hice ya con la familia, aunque menos periódicamente. A veces vi a los marineros y pescadores elevar las anclas del agua cuando zarpaban de cierto lugar, y en otro punto echarlas al agua para asegurar la embarcación. De acuerdo al peso de la embarcación así es la estructura y el peso de las anclas. Algunas son muy pequeñas, pero, por ejemplo, en barcos petroleros de cien mil toneladas, las anclas pueden pesar entre trece y quince toneladas. En los de mayor porte, pueden llegar a pesar hasta veinte toneladas. La función que ellas hacen en estos buques trasatlánticos, amerita su gran envergadura, pues ayudan mantener el barco más firme en un punto cuando se necesita quietud. No importa cuán fuerte sea la marea, las anclas permiten que la embarcación se mantenga firme en el mar. También recuerdo las pequeñas anclas, finamente pulimentadas, fabricadas como arte por inteligentes artesanos. Las hemos dado y recibido muchas veces como recuerdo de alguna cultura visitada. No puedo mirarlas sin aleccionarme con ellas, en que la vida cristiana necesita por lo menos un ancla que la mantenga firme ante las terribles tormentas que la amenazan en la travesía.

Por eso, hoy me quiero referir a un ancla de sentido diferente a las que anteriormente cité. El escritor a los Hebreos se refirió a esa ancla en 6:18-20. El mencionó a los creyentes en Cristo como aquellos que hemos acudido para asirnos de la esperanza que está puesta delante de nosotros. Y dice de tal esperanza, que es firme ancla del alma y que penetra hasta dentro del velo donde Jesús entró por nosotros como precursor.

En primer lugar, es justo decir aquí, que el Libro de Dios registra las hazañas de hombres y mujeres esforzados que se aferraron firmemente a la esperanza que Dios puso delante de ellos. Tengo la libertad de al que más me impresiona de ellos: Fue un anciano de Ur de los caldeos. Se llamó Abram y, de tal manera se ciñó a la promesa divina, que Dios le cambió el nombre por Abraham (Gn 17:5). De padre enaltecido, vino a ser padre de una multitud. Con este último nombre se conoce a aquel progenitor de fe para judíos y gentiles de todas las latitudes y generaciones. De su acudir a la fe se testifica que creyó en esperanza contra esperanza(Ro 4:11,12,18). Así, la expectativa que Dios colocó en su corazón, tuvo una corriente contraria, pero su fe superó todos los obstáculos hasta que pudo palpar lo que, sin ver, ya antes había creído plenamente.

En segundo lugar, cuando el escritor nos menciona entre los que hemos acudido a la esperanza, hace ver que dicha esperanza Dios la puso delante de nosotros. Nos apena el desengaño que sufren aquellos a quienes se les hace esperar en vanidades. Dentro del mundo teológico post moderno abundan las doctrinas de la repetición positiva, de la súper fe, del poder de la declaración profética. Lo atractivo de tales corrientes radica básicamente en la glorificación del ego humano, siempre sediento por más para sí mismo. Además, descansa en un abandono del concepto bíblico de peregrinaje, con el cual la Palabra identifica a los creyentes como extranjeros y peregrinos en el mundo(1 P 2:11).Como si fuera poco, estas teorías leudadas parecen apetitosas al oído, porque casi todas provienen de verdades centrales de la Biblia que han sido sacadas de su centro, de su contexto, del significado conque Dios las inspiró al escritor correspondiente. Son culpables aquellos que llaman a los creyentes, a los bebés en Cristo, a esperar ciertas recompensas de Dios por acciones que provienen de una mentalidad negociadora. A veces, falsos maestros ordenan a los santos incautos a esperar que su acción provocará a Dios a manifestarse en favor de su economía, de su familia o de lo más delicado humanamente, de su salud. Pero todavía nos sirve el testimonio de fidelidad a Dios que plasmaron en la historia quienes conocieron la soberanía divina (Dan 3:17,18: Lc 22:42). Por ejemplo, Pablo le dijo a Timoteo que tenía la esperanza de ir prontoa verlo, pero le escribía por si tardaba, supiera cómo conducirse en la casa de Dios (1 Ti 3:14,15). El creyente entiende que el Señor no está obligado a responder conforme a nuestro parecer, sino que su divinidad lo hace actuar conforme a su expresa voluntad. Nos debe quedar claro que la esperanza del cristiano la estableció el Señor mismo. El Hijo de Dios dijo que se iría a prepararnos un lugar en la casa del Padre y volvería para tomarnos a sí mismo, a fin que donde Él está, nosotros también estemos (Jn 14:1-3). Esta promesa sirve de fundamento a la esperanza bienaventurada de los hijos de Dios. En conformidad a ello, el salmista dice: Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado(Sal 119:49,50).

Este versículo me sirve de enlace para el tercer punto, pues el escritor de Hebreos dice que la promesa y el juramento de Dios se constituyen en un fortísimo consuelo a los que hemos acudido para asirnos de esta esperanza. Ciertamente, los creyentes que estamos a la expectativa de la manifestación gloriosa de Jesucristo (Tit 2:13), tenemos el embate de una corriente que trae aflicción a nuestra alma. Nuestra propia debilidad innata compite contra la promesa celestial (Sal 39:4). Además, Satanás envía dardos de fuego a la mente para hacernos retroceder de la travesía sobre las aguas encrespadas de este mundo (Ef 6:16). También, como no es de todos la fe, enfrentamos la oposición de quienes nos miran como retrógrados e ilusos. Pero la Palabra de Dios y el juramento que hizo por sí mismo nos alientan fuertemente mientras enfilamos la proahacia el puertode la patria eterna.

Por último, el Espíritu Santo hace ver que la esperanza que Dios ha puesto delante de nosotros, funciona a manera de una segura y firme ancla para nuestra alma. Es un ancla de sentido diferente, pues en lugar de anclarnos a las profundidades de este mundo, nos asegura y afirma en el lugar santísimo celestial, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Por tanto, en medio de un mundo tan materialista, necesitamos tirar el ancla hacia arriba. Para ayudarnos a levantarla hasta el tercer cielo, siempre es necesario preferir mirarlas cosas que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Co 4:18). Debido al valor de nuestra salvación, el ancla puede ser más pesada que la de un navío intercontinental. Por tanto, podemos levantar dicha ancla si no olvidamos que nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo(Fil 3:20). Nuestro llamado más sublime ahora es el de vivir vidas celestiales en medio de este mundo terrenal. Es que la causa de Dios nunca ha tenido demasiado de aquella estirpe que pasaba por Sunem, la del profeta Eliseo. Él se ancló a tal manera en su fe, que la Sunamita dijo haber entendido que aquel que pasaba siempre por su casa, era varón santo de Dios (2 R 4:9).

Amados, la vida cristiana está diseñada para vivirla en comunión firme con Dios, pero no es sólo porque nos beneficie espiritualmente que así sea, sino porque el mundo necesita ver en nosotros el reflejo glorioso de Jesús. Necesitamos anclarnos allá, donde están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, esto es, en Cristo Jesús (Col 2:3). Yo oro para que el reino de Cristo tenga más soldados tipo Eleazar hijo de Dodo. Él fue uno de los valientes de David. Su lealtad al rey lo hizo un paladín singular, a tal modo que, en la batalla, quedó su mano pegada a la espada (2 S 23:9,10). Como dijo el himnólogo … luchemos todos contra el mal, que en Jesús tenemos nuestro capitán. Ah, y como evidencia que hemos resucitado con Cristo, no olvidemos buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios(Col 3:1).

Con la esperanza cual ancla asegurada en el cielo,

Soy vuestro servidor,

Pst Eliseo Rodríguez

www.iglesiamontedesion.org

www.christianzionuniversity.org

www.quedicelabiblia.tv

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