VEINTICINCO VECES CIERTO
VEINTICINCO VECES CIERTO

VEINTICINCO VECES CIERTO

Cuando el apóstol Juan escribió el cuarto evangelio, su propósito superaba la meta de entregarnos una crónica más acerca de lo que Jesús dijo e hizo en Israel. Su proyecto inspirado contenía el propósito de demostrarnos que Jesús es el Hijo de Dios y que, creyendo en él, tenemos vida en su nombre (Jn 20:31). Mientras Juan escribía en forma peculiar su evangelio, el Espíritu Santo lo inspiró a relatarnos especialmente las ministraciones de Jesús a individuos de disímiles situaciones espirituales, morales y físicas. El trato del Señor con Nicodemo (Jn 3:1-15), con la mujer samaritana (4:1-29), con el paralítico del estanque de Betesda (5:1-18), con la mujer sorprendida en adulterio (8:1-11), con un ciego de nacimiento (9:1-11; 35-38), con las hermanas Marta y María y su milagro de resucitación de Lázaro (11:1-44), son algunas de esas historias cargadas de verdad donde Cristo fue el protagonista insustituible. Al leer el evangelio de Juan nos es moralmente obligatorio decir un amén reverente a aquella declaración donde expresa que Jesús estaba lleno de gracia y de verdad(Jn 1:14). Juan nos presenta al Hijo Unigénito quien está en el seno del Padre y quien tiene la prerrogativa de darnos a conocer al Dios Todopoderoso e invisible (1:18). Es precisamente en su evangelio donde Jesús dice ser la verdad misma (14:6).

Ahora, al leer las palabras de Cristo en el evangelio de Juan nos asombra el uso muy frecuente de una frase con la cual Cristo enfatizaba esas verdades para las cuales reclamó una doble atención. Me refiero a su expresión, de cierto, de cierto.Jesús sabe que los seres humanos caídos necesitamos ser llamados de atención hacia aquello de lo cual depende nuestra propia vida y nuestra seguridad eterna. La siguiente es una lista exhaustiva tomada del cuarto evangelio, acerca de los llamados de atención de Jesús a lo que nos es imperativo creer. Te invito a oír de cerca estas palabras del Maestro y confirmar por ellas nuestra fe. Así expresó Jesús:

De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre (1:51).

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (3:3).

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (3:5).

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos (3:11).

De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente (5:19).

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (5:24).

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán (5:25).

De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis (6:26).

De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo (6:32).

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna (6:47).

De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros (6:53).

De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado (8:34).

De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte (8:51).

De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy (8:58).

De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador (10:1).

De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas (10:7).

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto (12:24).

De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió (13:16).

De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió (13:20).

De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar (13:21).

De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces (13:38).

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (14:12).

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo (16:20).

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará (16:23).

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras (21:18).

La suma de esta frecuencia arroja el resultado de veinticinco veces en el evangelio de Juan en las que Jesús usó esta doble expresión de certidumbre. Así que, solamente en este evangelio tenemos cincuenta confirmaciones del Maestro acerca de cuán cierta es su persona, sus palabras y su obra expiatoria a favor nuestro en la cruz. Aquel que es la personificación perfecta de la verdad, nos dejó veinticinco dúos de certidumbre sobre la veracidad de nuestra esperanza.

Cincuenta días después de aquella Pascua en la cual el auténtico Cordero de Dios fue ofrecido, conforme a lo que ciertamente Jesús había prometido, el Espíritu Santo vino sobre los discípulos por primera vez. Allí se cumplió lo que Joel profetizó: … de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán(Hch 2:18). Allí se hizo un hecho la promesa de Jesús: Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días (Hch 1:5).El Espíritu les dio a los congregados en el aposento alto el poder para ser testigos de Cristo hasta lo último de la tierra (Hch 1:8; 2:4). Como había indicado Jesús en el mismo evangelio de Juan, ya los campos estaban blancos para la siega (Jn 4:35). Los obreros estaban listos, eran los apóstoles de Cristo, quienes, espiritualmente hablando, tenían las hoces en sus manos para recoger la espiga madura en aquel día de las primicias. Entonces, vino el mensaje absoluto en certidumbre que predicó Pedro: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo(Hch 2:36).La fiesta de las primicias arrojó una cosecha de unas tres mil personas que recibieron el mensaje y fueron bautizados y añadidos a la iglesia (2:41). En su próximo discurso con motivo de la sanidad de un cojo, con una convicción evidente, Pedro anunció la ascensión y el retorno del Señor, al decir: … para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas…(3:19:21).

El mensaje de Jesucristo fue predicado con tal certidumbre, que, en menos de un siglo, en todo el imperio romano se conocía acerca del evangelio del Señor. Por más de veinte siglos, la iglesia ha sembrado, no solamente lágrimas, sino también la sangre de sus mártires. Pero una historia tan larga ha dejado evidencias ineludibles de que verdaderamente Jesucristo es el Hijo de Dios. Muchos que voluntariamente rechacen su gracia, irán a condenación por su propia decisión. Entonces, aún será verdad lo que está escrito: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos (Ap 16:7). Hoy, en un tiempo de tanta incertidumbre, la iglesia debe continuar su labor de evangelización y discipulado, sin olvidar que la venida del Señor se acerca, pues él mismo dice: Ciertamente vengo en breve. A lo que la esposa del Cordero responde con gozo: Amén; sí, ven, Señor Jesús(Ver 22:20).

 

Amados, Cristo es mucho más que

Veinticinco veces cierto.

 

Con esa convicción irrevocable,

Soy vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez.

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