YO SE A QUIEN HE CREÍDO

Al escribir su segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo le habló de las vicisitudes que estaba pasando como prisionero de Jesucristo. Al hacerlo, le mostró su disposición a continuar su marcha de fe, y lo hizo con estas palabras: Porque yo sé a quien he creído y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día(2 Ti 1:12). Es de primera línea en la vida cristiana, saber que es en el Señor donde está anclada nuestra fe.

En el contexto donde ocurre esta declaración paulina, Timoteo era pastor en la ciudad de Éfeso, donde el paganismo religioso tenía un antro de perdición. Allí estaba el templo de la gran diosa Diana, donde ocurrían cultos idolátricos acompañados de todo tipo de orgías. Por tanto, Pablo quiere animar a su hijo en la fe, para que hiciera la obra de Dios sin temor. Estas son algunas de las recomendaciones principales que el perito anciano recomienda al joven pastor:

Primero, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo(1:8 a). Es muy importante testificar de él sin abochornarnos, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía(Ap 19:10). Cada obrero cristiano debe hacer de Cristo el centro de su testimonio, de su mensaje, de su enseñanza. Al ministrar la Palabra, debemos rechazar la tentación de filosofar, y, en su lugar, ceñirnos al mensaje de la cruz, que es poder de Dios (1 Co 1:18).

Segundo, ten disposición a participar de las aflicciones que predicar el evangelio conlleva, según el poder de Dios(1:8 b). ¡Nunca olvidemos que a nosotros nos es concedido a causa de Cristo, no solo que creamos en él, sino también que padezcamos por él! (Fil 1:29). Esa era la situación obvia de Timoteo mientras servía al Señor. Es también la experiencia de todo obrero de Cristo alrededor del mundo. Pero el poder de Dios está a disposición de quienes siembran con lágrimas. Sabemos que al final, segarán con regocijo (Sal 126:5). Así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación (2 Co 1:5).

Tercero, Pablo quería confirmar a Timoteo en esta verdad cardinal de la fe: Dios nos salvó, según su propósito y la gracia suya que nos fue dada en Cristo Jesús(1:9). No podemos comprar nuestra salvación, la cual es una gracia divina que el hombre recibe por fe (Ef 2:8). Esa gracia no comenzó en la cruz, más bien estuvo lista antes de los tiempos de los siglos, o sea, en la eternidad, pues Cristo fue destinado como el Cordero de Dios desde antes de la fundación del mundo (1 P 1:19,20). Pero el propósito salvífico de Dios fue manifestado por la aparición de nuestro Señor Jesucristo. Él quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (v. 10).

Después de estas recomendaciones ministeriales, Pablo habló a Timoteo sobre sus prisiones en Cristo. Y al respecto, le dice: Pero yo sé a quién he creído y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Cuando estemos enfrentando situaciones difíciles en nuestra vida y ministerio, miremos a Cristo por fe. En él todas las promesas de Dios son sí y amén, por medio de nosotros, y cooperan para la gloria de Dios (2 Co 1:20).

Cuando Pablo dijo yo sé a quién he creído,estaba hablando como alguien que se había graduado en “la escuela de la fe”. Había pasado los “cursos” correspondientes del creer, los cuales están entrelazados entre el conocimiento de la Palabra y las vivencias cotidianas con Dios. Estos son algunos de los escalones de su trayectoria como creyente:

Primero, Pablo sabía a quien había creído, porque había tenido un encuentro personal con Cristo, el objeto de su fe (Hch 9:1-6). Él se acercó a Damasco como perseguidor de la iglesia, y Cristo lo encontró para salvarlo, lo derribó, y lo visitó con su gloria. En ese encuentro con Jesús, Pablo le hizo al Señor las dos preguntas más importantes para el ministerio: ¿Quién eres, Señor?Y, ¿Para qué me has llamado? Cada ministro de Dios debe saber las respuestas a ambas interrogantes. Es imprescindible estar seguros que hemos conocido a Cristo, que hemos nacido de nuevo, que el Espíritu Santo vive en nosotros. Recordar el día cuando Cristo nos salvó, es vital para afianzar nuestra fe

Segundo, Pablo sabía a quien había creído, porque tenía un historial de libramientos del Señor con él. Por eso pudo decir a Timoteo: tribulaciones que he sufrido y de todas me ha librado el Señor(2 Ti 3:11). Por ejemplo, el fue apedreado por una multitud en Listra, luego arrastrado hasta fuera de la ciudad y dejado como muerto, pero los discípulos le rodearon y revivió. Al día siguiente tuvo fuerzas para caminar hasta Derbe y continuar allí predicando el evangelio (Hch 14:19,20). También, cuando iba a Roma para comparecer ante César, y la tormenta fue terrible en alta mar, él pudo decir a los hombres en el barco: Esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo. El Señor le dijo, entonces: Pablo, no temas, es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo(Hch 27:23,24). Como evidencia a la promesa fiel de Dios, la nave llegó al destino final, y Pablo predicó y ganó almas en la Isla de Malta y, finalmente en Roma. Para fortalecer nuestra fe, es muy importante tener un registro de testimonios que nos recuerden la fidelidad del Señor en todo nuestro peregrinaje. David quería tener ese registro.  Por eso le dijo a su alma:  bendice… a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios (Sal 103:1,2).

Tercero, Pablo sabía a quien había creído, porque había experimentado al Señor respecto a la suplencia de sus necesidades.Al cursar este aspecto en la escuela de la fe, pudo testificar: He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación. Se vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Aún en los aspectos financieros, podemos decir con Pablo, todo lo puedo en Cristo que me fortalece(Fil 4:11-13). Él ha dicho que no nos desamparará, ni nos dejará (He 13:5).

Cuarto, Pablo sabía a quien había creído a través de la permanencia del Señor a su lado, cuando todos le abandonaban. Su testimonio al joven ministro en Éfeso, contiene esta cita: En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon… Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas… Así fui librado de la boca del león (2 Ti 4:16,17).Cuando nos sintamos lejos de todos los amigos, y acusados por los impíos, alentémonos en la fe al recordar que el Señor está a nuestro lado. El término a mi lado, se entiende por el contexto, como que el Señor fue el abogado de Pablo, quien lo defendió y libró de los malvados que lo acusaban. Nosotros también contamos con ese mismo abogado inigualable, el Rey de Justicia.

Queridos hermanos, todos nosotros estamos en la escuela de la fe, donde somos probados. Nuestra fe se robustece a través de la comunión con Dios y el contacto frecuente con las Escrituras. Sigamos el ejemplo que el mismo Pablo nos contó sobre Abraham, quien, cuando todo parecía adverso al cumplimiento de las promesas divinas en su vida, se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido(Ro 4:20). Porque estamos seguros en quien hemos creído, podemos decir con Pablo, que el Señor es poderoso para guardar nuestro depósito para aquel día. Todo lo que hemos depositado en él, nuestra vida, nuestra alma, nuestro destino eterno, está cuidado por aquel en quien hemos creído. Por tanto, el Señor nos librará de toda obra mala y nos preservará para su reino celestial (2 Ti 4:18).

¡Que hasta el fin de nuestra carrera podamos decir con seguridad:

Yo sé a quien he creído!

Con amor sincero,

Vuestro servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org
www.quedicelabiblia.tv

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